15 de abril de 2006
Su hermosura ha sido inmortalizada por pintores como Vincent Van Gogh o Pablo Picasso. Con un color que le hace competencia al sol y un enorme tamaño- es una de las flores más grandes que existen- el girasol no es sólo una planta ornamental que le dará vida a cualquier rincón de la casa, sino que su semilla es un alimento que tiene un gran valor nutritivo. La próxima vez que tengas esta singular flor frente a ti sabrás el porqué de su nombre y su fabulosa historia y te sentirás aún más atraído por su singular belleza.
Un origen antiquísimo
El girasol recibe su nombre, precisamente, de que la planta crece de cara al sol. Antes de que abran sus botones, va girando hacia el lugar donde se encuentra localizado el astro celeste y luego permanece mirando siempre al oriente.
Esta singular y enorme planta se conoce desde hace miles de años, pero se cultiva comercialmente desde hace cerca de 200 años. Los indios norteamericanos conocían de sobra el girasol y se cree que se cultivó desde el año 3,000 a. de C. en la región de lo que hoy es Arizona y Nuevo México.
Para las tribus indígenas, esta imponente planta tenía muchos usos: sus semillas se molían y servían de harina para el pan, utilizaban su aceite y hasta servía como tinte para pintarse el cuerpo y llevar a cabo otras decoraciones.
Cuando los conquistadores españoles llegaron a México se sintieron cautivados por la belleza de esta flor exótica. Fueron ellos los que dieron a conocer el girasol en Europa. Inicialmente, sin embargo, en el continente viejo se cultivó solamente por su belleza ornamental.
En 1716 los ingleses obtuvieron la primera patente para exprimir el aceite de las semillas. Poco después, el girasol se convirtió en una cosecha muy importante en Rusia. Pedro, el grande, se dio cuenta de las posibilidades que tenía esta flor y comenzó a cultivarla en el siglo XVIII para producir aceite. Ya en el siglo XIX Rusia tenía un cultivo de más de 2 millones de acres de girasol. Se separaban en dos categorías principales: aquellas que se utilizarían en la producción de aceite y otras para el consumo directo de las personas.
Con este "boom", el girasol hizo el viaje de vuelta a América, donde también comenzó a cultivarse comercialmente.
Algunas curiosidades
Esta flor ha sabido atrapar la imaginación de artistas y de muchas personas. Los patrones con girasoles abundan y son un motivo muy favorecido para la decoración del hogar.
Por otra parte, las interpretaciones que de esta versátil flor hicieron Van Gogh y Picasso, entre otros, tienen un valor de millones de dólares. Una de las razones que puede explicar esta fascinación de los artistas es que el girasol tiene proporciones casi humanas y tal parece que cuando está florecido puede hablarle a la persona. Quizás por esto ha logrado vencer la prueba del tiempo y sigue siendo un elemento decorativo tan popular.
Y en cuanto a su altura, la más grande que se conoce midió 5 pies y 4 pulgadas, según el récord Guinness del 2004.
Un tesoro para la salud
Ya sea que seas fanático de las semillas de girasol o utilices el aceite, encontrarás en estos alimentos una gran riqueza nutricional. Las semillas de confección tienen un color negro con rayas blancas y son más grandes que las que se usan para extraer el aceite. No sólo sirven para una rica merienda o para hacer postres o añadirle sabor a las ensaladas, también son un excelente alimento para aves.
Las pequeñas semillas, que se venden con o sin cáscara, son una excelente fuente de vitaminas E y B.
El aceite, por otro lado, es comparable al de oliva y es alto en vitamina E y ácidos grasos que ayudan a reducir el riesgo de sufrir problemas circulatorios, infartos y otro tipo de problemas cardiovasculares. Es, además, muy efectivo para regular el metabolismo de colesterol, ayudando a reducir en nivel total de LDL y los niveles de triglicéridos.